Iniciativa pretende utilizar deshechos de la cosecha de cereales para posteriormente convertirlos en enmiendas orgánicas que reduzcan el impacto de los contaminantes en el medio ambiente.
Los terrenos y ecosistemas del Valle de Puchuncaví en la Región de Valparaíso están contaminados. Con una historia que data de antes que los españoles llegaran a Chile, el célebre lugar donde alguna vez se pensó finalizaba el Camino del Inca, hoy es, quizás, uno de los más degradados del país en materia medioambiental.
La actividad industrial que ha caracterizado a la zona por más de 50 años -allí están en funcionamiento fundiciones de cobre, refinerías y plantas termoeléctricas- generó la contaminación de suelos, los que hoy acumulan cobre y arsénico, además de la acidificación debido a la lluvia ácida.
Con estos antecedentes, y la especial preocupación de las autoridades ambientales y de salud de la localidad, el investigador de la Universidad de La Frontera, doctor Pablo Cornejo, junto a un grupo de investigadores del área, ejecuta un proyecto Fondecyt que pretende aportar a la mejora y recuperación de esos suelos.
Dada su trayectoria en la biorremediación de suelos utilizando hongos micorrícicos arbusculares (AM) -organismos que permiten que las plantas se establezcan, crezcan y aceleren los procesos de remediación mejorando el acceso a agua y nutrientes en los ambientes contaminados- el estudio busca conjugar la acción de estos hongos con la aplicación de enmiendas orgánicas.
“Un aspecto adicional a la contaminación de estos suelos en particular es la pérdida de materia orgánica, que los convierte en terrenos físicamente inestables, por lo cual es necesario aplicar materiales orgánicos que idealmente permanezcan por un largo tiempo, para que puedan potenciar una mejora integral del suelo una vez aplicados”, explicó el investigador.
DESDE LA ARAUCANÍA
Para lograr esto, es necesario contar con tecnologías de bajo costo para reducir la toxicidad y es en La Araucanía donde existen alternativas para llevar a cabo la idea.
“Queremos darle un valor agregado a los residuos que se generan en la cosecha de los cereales que aquí se cultivan, para después producir un material orgánico que se puede tratar utilizando una combinación de organismos degradadores a los que se les puedan agregar ciertos compuestos químicos que permitan aumentar su estabilidad”, comentó el doctor Cornejo.
Asimismo, con la ejecución de la iniciativa, el volumen de los residuos que anualmente se queman tras la cosecha podría reducirse de manera considerable.
ETAPAS
En una primera etapa, el equipo analizará la flora endémica de los ecosistemas contaminados con cobre y arsénico en el Valle de Puchuncaví y las comunidades de hongos micorrícicos arbusculares presentes en esos suelos, seleccionando las combinaciones más eficientes para incorporar en fitorremediación.
Una segunda fase busca estabilizar y biotransformar residuos orgánicos con opciones químicas diferentes. Posteriormente, se probará el efecto de la asociación de estos hongos en la capacidad de exudación de las plantas hospedantes y la capacidad de los hongos para secuestrar cobre y arsénico.
Finalmente, se analizarán los efectos de los residuos estabilizados para poder definir las combinaciones planta/hongo arbuscular/material orgánico más eficientes que potencien y aceleren en mayor medida la recuperación del suelo.
EXPECTATIVAS
Según el académico, los resultados esperados “serán un aporte significativo para la generación de estrategias de prevención y mitigación del impacto ambiental causado por las actividades industriales, el desarrollo de nuevas metodologías para la restauración ecológica de los ambientes contaminados y otros similares, dentro de alternativas que son de muy bajo costo y con una gran aceptación social”.
Los investigadores apuestan a la externalización de este tipo de investigaciones, ya que pueden constituirse como un incentivo adicional para generar interés en la opinión pública sobre los nuevos métodos para hacer frente a los riesgos ambientales de las actividades industriales.