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DECLARACIÓN PÚBLICA

El Gobierno promulgó el 10 de julio el reglamento que constituye los Comités de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo. El espíritu del legislador fue que, la y los Gobernadores Regionales contarán con una instancia asesora, con capacidad técnica y científica en la formulación de políticas para el desarrollo de capital humano avanzado, investigación y equipamiento científico, apoyar la innovación, el desarrollo y la transferencia a diversos sectores públicos, privados, sociales y productivos, entre otras dimensiones y actores del desarrollo regional.

Quienes hemos dedicado nuestra vida a la generación de conocimientos útiles al desarrollo regional y nacional señalamos nuestro apoyo a cualquier iniciativa que ayude al fortalecimiento del conocimiento y la institucionalidad científica territorial. Sin embargo, el reglamento promulgado merece observaciones de forma y fondo, tal como lo han planteado, en una reciente declaración la y los rectores de las Universidades Regionales.

En una medida que no compartimos, la definición del reglamento no consideró la opinión de las comunidades científicas regionales y tampoco de las/los Gobernadores Regionales, autoridades a las que están llamadas a asesorar. Impone un formato único y homogéneo, obviando la diversidad en tamaño y especialización que tienen los ecosistemas científicos territoriales y las necesidades e idiosincrasias propias de cada región. No considera la contribución específica y diferencial de las instituciones en masa crítica, infraestructura, publicaciones, vinculación con el entorno, reconocimiento nacional e internacional, entre otros. Y tampoco distingue, instituciones de la región respecto de otras que tienen presencia circunstancial en ese territorio, a veces por motivaciones de mercado.

El reglamento desconoce antecedentes elementales del desarrollo de los territorios y, por ende, no comprendemos por qué son marginadas de ese Comité instituciones que han sido y son parte constitutiva de la región, de su historia, presente y futura.

Estas universidades son las que forman mayoritariamente los y las técnicos. profesionales e investigadores en sus territorios. Han creado programas de magíster y doctorados, vitales para el quehacer científico y tecnológico regional, y promueven programas de docencia e investigación en especialidades médicas y ciencias de la salud.

En varias regiones estas instituciones son las principales, y a veces únicas, generadoras de conocimiento científico, técnico e innovación tecnológica y social, disponiendo de centros, laboratorios y equipos especializados. Capacidades y saberes que, incubados en las universidades, siempre han sido compartidos con el entorno y alimentado las políticas públicas nacionales y locales.

Bajo la actual pandemia se constituyeron en la principal instancia de apoyo al aparato público de salud, realizando investigaciones con contrapartes nacionales e internacionales, haciendo exámenes PCR, diseñando equipos de alta complejidad, elementos de protección personal y materiales diversos, colaborando en las estrategias del gobierno y propuestas del congreso a través de mesas consultivas de expertos/as, entre otras actividades de relevancia.

La Red Científica Nacional, de la que habla la autoridad, son las universidades regionales. Las mismas que un reglamento elaborado con demasiada premura y sin participación, podría marginar.

Son ellas, las que generan conocimientos en áreas tan diversas como medio ambiente y astronomía, migración y sismología, desarrollo urbano y paleontología, estudios de opinión y minería, pueblos originarios e inteligencia artificial, salud pública y epidemiología, educación e inclusión, humanidades y ciencias sociales, entre otras.

Investigaciones que les permiten contribuir con más del 40% de las publicaciones científicas en Chile y el 50% de los fondos del estado destinados a investigación y desarrollo tecnológico.

En virtud de la relevancia del tema aquí planteado y en nuestra calidad de profesionales y directivos (as) de la ciencia, solicitamos formalmente que se revise y genere un cambio explícito, en el que se incorpore a las universidades regionales en dicho reglamento, tarea para lo cual comprometemos desde ya, el aporte de las 22 universidades regionales que conforman AUR.

 

Comisión de Vicerrectorías de Investigación
Agrupación de Universidades Regionales de Chile (AUR)