Quienes consumen yogures, suplementos o alimentos con probióticos lo hacen esperando un beneficio concreto para su salud. Sin embargo, hay un problema que pocas etiquetas mencionan, y es que una parte importante de esas bacterias no sobrevive el camino. El calor del procesamiento industrial, el tiempo en el envase y la acidez del estómago pueden reducir drásticamente su efectividad antes de que lleguen a donde tienen que llegar.
Un investigador de la Universidad de La Frontera (UFRO) lleva años trabajando en ese problema. Lo que comenzó como una investigación doctoral terminó encontrando una posible respuesta en algo que muchas personas tienen en su cocina: la chía.
Víctor Bascur Jara, doctor en Ciencias de la Ingeniería mención Bioprocesos de la UFRO, demostró que el mucílago de chía -la sustancia gelatinosa que rodea la semilla cuando se hidrata- puede usarse para encapsular probióticos y protegerlos en condiciones adversas.
En las pruebas realizadas, “las microcápsulas desarrolladas alcanzaron una sobrevivencia superior al 92% tras el proceso de secado industrial, mantuvieron su estabilidad durante 60 días en refrigeración y resistieron temperaturas de hasta 80°C, conservando niveles por sobre el umbral mínimo necesario para generar beneficios en el organismo”, señaló el Dr. Bascur.
Una segunda capa de protección
La investigación no se detuvo ahí. En una segunda etapa, el estudio incorporó nanopartículas al sistema de encapsulación, lo que permitió lograr una liberación aún más controlada de los probióticos durante la digestión, mejorando especialmente su desempeño en la fase intestinal. “En términos prácticos, esto significa que los probióticos podrían llegar en mejor estado al intestino, aumentando su efectividad”, aseguró el investigador.
El estudio se enmarca en el creciente interés por desarrollar alimentos funcionales más estables y efectivos, especialmente en un contexto donde el consumo de productos con probióticos ha aumentado sostenidamente en los últimos años.
Más allá de los resultados obtenidos en laboratorio, el investigador destacó el potencial de avanzar hacia aplicaciones concretas en la industria alimentaria. Los resultados de esta investigación le permitieron adjudicarse el programa Trampolín Lab-UFRO 2025, iniciativa orientada a apoyar el desarrollo de soluciones científicas con potencial de transferencia tecnológica.
Aunque la investigación continúa en desarrollo, los resultados abren nuevas posibilidades para utilizar compuestos naturales en la protección de probióticos destinados a yogures, suplementos y otros alimentos funcionales.
Francisca Gómez Hinostroza
Doctorado en Ingeniería mención Bioprocesos