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En memoria de Nicolás

Este resumen ha sido generado con inteligencia artificial y revisado por el área de edición de contenidos.

Han sido días profundamente difíciles para nuestra comunidad universitaria.

La partida de Nicolás Fuentealba Chávez, estudiante de Técnico Guía de Turismo Aventura, ha afectado especialmente a su familia, seres queridos, compañeros, compañeras y docentes del Campus Pucón, a quienes hemos acompañado con profundo respeto y cercanía.

Hoy queremos compartir una semblanza construida desde los recuerdos y el cariño de sus compañeros y compañeras, junto al equipo psicoeducativo del Campus Pucón. Un relato que nos permite conocer un poco más de Nicolás, de los vínculos que construyó y de la huella que dejó en quienes compartieron con él su paso por nuestra Universidad.

Hoy nos reunimos para despedir a Nicolás, pero también —y quizás, sobre todo— para agradecer que haya sido parte de nuestras vidas.
Hay despedidas para las que nunca estamos preparados. Y esta es, sin duda, una de ellas.

Nicolás Fuentealba Chávez llegó hasta nosotros desde Chillán, trayendo consigo algo que parecía formar parte de su propia naturaleza: el amor por los espacios abiertos, por el movimiento, por la aventura y por ese vínculo tan especial que algunas personas tienen con la naturaleza.

Eligió estudiar Técnico Guía en Turismo Aventura y, dentro de ese camino, eligió la especialidad de Agua.

Y quizás hay algo muy simbólico en ello.

Porque el agua representa movimiento, libertad, fuerza y también camino. Nunca permanece completamente quieta; busca su cauce, atraviesa paisajes, encuentra nuevas formas de avanzar.

Así queremos recordar a Nicolás.

En movimiento.

Disfrutando.

Riendo.

Compartiendo con sus compañeros.

Viviendo aquello que amaba.

Sabemos que detrás de Nicolás había también una familia, varios hermanos, y una historia compartida con el turismo aventura y con ese modo particular de mirar el mundo que nace cuando la naturaleza deja de ser solamente un paisaje y se transforma en una forma de vida.

Por eso, hoy no queremos que su recuerdo quede solamente asociado a este momento tan doloroso.

Queremos recordarlo completo.

Recordar al joven que amaba la naturaleza.

Al compañero.

Al hermano.

Al hijo.

Al estudiante que eligió un camino que tenía que ver con sus pasiones.

A Nicolás disfrutando de aquello que lo hacía feliz.

Porque una vida no puede resumirse en la forma en que termina.

Una vida se construye con los momentos vividos, con las personas que amamos, con las experiencias compartidas, con las risas, con los sueños y con las huellas que dejamos en otros.

Y Nicolás dejó huellas.

Quizás hoy no podamos comprender por qué tuvo que ser así. Quizás nunca encontremos una respuesta que alcance para explicar su partida.

Pero sí podemos elegir qué hacer con su recuerdo.

Podemos quedarnos con el amor.

Con la gratitud.

Con aquello que nos enseñó simplemente siendo quien era.

Y podemos permitirnos, con el tiempo, recordarlo también con una sonrisa.

Porque recordar a Nicolás feliz no significa olvidar el dolor de su partida.

Significa darle a su vida el lugar que merece.

Significa recordar que antes de este día hubo muchos otros días en los que Nicolás estuvo aquí: aprendiendo, compartiendo, soñando, riendo y haciendo aquello que amaba.

Hoy, como comunidad educativa, queremos abrazar especialmente a su familia, a sus hermanos, a sus amigos y a todos quienes compartieron con él este camino.

Y queremos decirles que Nicolás no se va solamente con ustedes.

Una parte de su historia queda también aquí.

En sus compañeros.

En sus profesores.

En los lugares que recorrió.

En las experiencias que compartió.

Y en quienes tuvieron la fortuna de conocerlo.

Quizás la mejor manera de despedirlo sea justamente aquella que más se parece a él:

mirando hacia la naturaleza,

recordando su sonrisa,

agradeciendo su paso por nuestras vidas,

y deseándole un buen viaje.

Que el agua siga su curso.

Que la montaña guarde su memoria.

Que el viento lleve consigo su nombre.

Y que nosotros aprendamos, con el tiempo, a recordarlo no solamente con lágrimas, sino también con alegría.

Hasta siempre, Nicolás.

Gracias por haber compartido este camino con nosotros.

Compartimos el poema “El agua de la vida”, de Elicura Chihuailaf, leído durante la ceremonia en memoria de Nicolás. Sus versos acompañaron ese momento de encuentro y hoy vuelven a estar presentes como una forma de recordar, desde la palabra y la poesía, a quien fue parte de nuestra comunidad.

 

Poema / Elicura Chihuailaf

El agua de la vida
Sí, Nicolás ¿quién puede dudarlo?
me dicen: El Agua es la Vida
¿Pero qué hace el Agua
sin el Aire?
¿Pero qué hacen el aire
y el agua sin la Tierra?
¿Pero qué hace la Tierra
sin el Fuego?
¿Pero qué hace el fuego
sin el Sol?
¿Pero que hace el Sol
sin la ceniza de la Luna?
¿Pero que hace la Luna
sin el canto del Silencio?
¿Pero qué hace el silencio
si no sucede la Contemplación?
¿Pero qué hace la contemplación
sin la Palabra?
¿Pero qué hace la Palabra
sin el aliento de la Naturaleza?
¿Pero qué hace la Naturaleza
sin el Agua de la Vida?

Por favor, continúe usted este poema:
En medio de los últimos bosques
En el rocío de la madrugada
A orillas de los menguados ríos
saltos, lagos
Mirando los barcos en el horizonte
del mar
y en el aire contaminado del día…
En la cumbre nocturna y más delirante
de la imaginación.
Por favor, Nicolás, continúa tu este poema

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