La indicación del Ministerio de Hacienda hacia el Ministerio de Salud acerca de evaluar la continuidad de programas de salud que son considerados como críticos para el momento epidemiológico actual, no cuenta con sustento empírico, científico ni sanitario y viene a quebrar 100 años de trayectoria en el desarrollo de la salud pública y la política social en el país.
Esta medida apunta a desmantelar la estrategia de Atención Primaria de la Salud, y, por cierto, no aporta a disminuir la sobre morbilidad expresada en las listas de espera de consultas de especialidad y quirúrgicas con tiempos indignos para un 85% de la población dependiente del Fondo Nacional de Salud.
Esta situación afecta mucho más a las poblaciones que experimentan mayores niveles de pobreza multidimensional y de ingresos, mayor ruralidad y problemas de acceso a la atención de salud oportuna, menor acceso al agua potable y a la educación formal, tal como lo expresa una parte importante de los habitantes de La Araucanía.
Disminuir o discontinuar programas como Hospitalización Domiciliaria, Cuidados Paliativos Paliativos en APS, Prevención del Suicidio, Más Adultos Mayores Autovalentes, Programa Odontológico, Programa de Salud Mental, Programa de Reparación y Atención Integral en Salud (PRAIS), Cuidados Paliativos, Sembrando Sonrisas, o bien programas alimentarios y de apoyo a personas trans; contribuirá directamente a que las personas más vulnerables, experimenten mayores patologías o bien se cronifiquen las existentes; se deban utilizar de manera más frecuente la red asistencial, hospitalizaciones prolongadas; y por supuesto, abultar más aun las listas de espera que padece nuestro estresado sistema de salud. Sin duda, un contrasentido con consecuencias fatales.
La toma de decisiones basadas en criterios de reducción del gasto público en áreas tan sensibles para nuestra población, responde a criterios estrictamente ideológicos y se desentiende de la respuesta que una sociedad desarrolla frente a los padecimientos colectivos de cara a su realidad epidemiológica, demográfica, socioeconómica y cultural, así como también la prevención de éstas y su rehabilitación oportuna, limitando severamente las posibilidades de desarrollo individual, colectivo y social de nuestra región.
Hacemos un llamado a los tomadores de decisión, a reflexionar y revertir la indicación de la reducción de gasto en programas sanitarios críticos para la población ya que afecta directamente el cuidado de la salud de la población e incide directamente en la sobre morbilidad y mortalidad de quienes más requieren de una política pública del cuidado a la salud en nuestra región y el país.
El despliegue de la Universidad de La Frontera en los distintos espacios de la realidad regional, así como la vinculación asistencial y comunitaria permanente que desde el Departamento de Salud Pública sobrellevamos, da cuenta de un momento en el que debemos pronunciarnos frente a políticas regresivas y de desposesión sanitaria a nivel poblacional.
Dra. María Angélica Hernández Moreno
Directora Departamento de Salud Pública
Facultad de Medicina
Universidad de La Frontera