Chile retrocede en Matemática y Lectura, mientras Ciencias se mantiene relativamente estable. Sin embargo, reducir esta señal a un problema de puntajes, pantallas o metodologías sería insuficiente. Enseñar y aprender son procesos multifactoriales y multinivel: dependen de las capacidades del estudiante, la mediación docente, las relaciones y normas del aula, el acompañamiento familiar, las condiciones institucionales, las políticas públicas (asociadas a recursos) y, crecientemente, del ecosistema digital.
Una de las contribuciones más interesantes de PISA es que permite observar no solo resultados, sino también algunas de las condiciones en que esos aprendizajes están ocurriendo. En Ciencias, el 43% de los estudiantes chilenos reporta ruido y desorden en la mayoría o todas las clases y un 23% señala que no puede trabajar bien. A ello se suma que el 48% declara que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales, frente al 28% promedio OCDE.
Estos resultados adquieren especial relevancia al contrastarlos con la Encuesta Internacional sobre Enseñanza y Aprendizaje (TALIS) 2024, también desarrollada por la OCDE, que recoge información mediante autorreporte de docentes y directivos. En Chile, los profesores declaran destinar alrededor del 19% del tiempo de clase a mantener el orden y un 28% señala perder bastante tiempo debido a interrupciones de los estudiantes. Si bien ambas pruebas no son el mismo instrumento, ni las mismas muestras, ni debemos tratarlos como si uno validara estadísticamente al otro, existe convergencia entre ambas fuentes que nos entregan información relevante desde posiciones distintas: estudiantes y profesores describen dificultades para sostener condiciones de atención, organización y participación que permitan desarrollar adecuadamente la enseñanza.
Lo anterior no refleja simplemente un problema de “indisciplina”. Esta información nos lleva a observar el proceso de autorregulación, comprendida como la capacidad de una persona para orientar y ajustar de manera intencional sus pensamientos, emociones, atención y conductas en función de una meta. Este proceso comienza a construirse tempranamente mediante procesos de corregulación y crianza, y continúa desarrollándose en la experiencia escolar. Pues aprender requiere sostener la atención, tolerar la dificultad, organizarse, perseverar y regular la propia conducta. Desde el pilar de la familia, PISA muestra, una disminución entre 2022 y 2025 de algunas formas de apoyo familiar reportadas por los estudiantes.
A ello se suma un ecosistema digital que ha transformado profundamente las formas de relacionarnos, informarnos y aprender. La respuesta educativa, por tanto, no puede limitarse a prohibir celulares. Necesitamos educación digital: desarrollar autorregulación de la atención, pensamiento crítico y capacidad para utilizar tecnologías e inteligencia artificial como herramientas que amplíen el pensamiento y no que lo sustituyan.
Hay también una fortaleza que merece destacarse: los estudiantes chilenos reportan altos niveles de apoyo docente. El 86% señala que su profesor de Ciencias se interesa por el aprendizaje de todos (PISA consulta una asignatura cada vez, este reporte corresponde a Ciencias). Es necesario apoyar de manera sostenida a nuestros profesores(as) con capacitaciones sistemáticas para pedagogizar la convivencia en ambientes presenciales y virtuales, articulando de manera fluida los dominios que explicita el Marco para la Buena Enseñanza. La evidencia acumulada muestra una relación sostenida y robusta entre clima escolar y de aula, rendimiento académico y bienestar. El clima educativo no es un complemento del aprendizaje. Poder atender, preguntar, equivocarse, participar, sentirse seguro y establecer relaciones de apoyo configura las condiciones en las que aprender se vuelve posible.
PISA, entonces, puede leerse como algo más que una comparación internacional. Nos ofrece información sobre el ecosistema cotidiano en que nuestros estudiantes están intentando aprender. Necesitamos enfocarnos en recuperar aprendizajes. Esto implica recuperar las condiciones para aprender: proteger el tiempo pedagógico, fortalecer la gestión del aula, desarrollar autorregulación, reconstruir la alianza con las familias, educar para habitar responsablemente el mundo digital y situar la convivencia y el bienestar en el corazón del proceso educativo.
Dra. Mónica Bravo Sanzana
Directora Observatorio de Ciudadanía, Convivencia y Bienestar Educativo
Fondecyt Regular 1262176
Universidad de La Frontera