La paz es una forma de convivencia basada en la dignidad humana, los derechos, la justicia, el cuidado mutuo, el diálogo y la colaboración. Los desacuerdos son naturales y pueden convertirse en oportunidades de aprendizaje. Gestionar la convivencia para la paz implica desarrollar capacidades para abordarlos con respeto, inclusión y un ejercicio responsable de la autoridad. También exige distinguir entre conflicto, violencia y acoso escolar, pues requieren respuestas diferentes. Esta comprensión permite actuar oportunamente, reconocer y reparar el daño, evitar la estigmatización e identificar necesidades de formación sistemática.
La evidencia muestra que un clima escolar positivo se relaciona con el bienestar, la seguridad, la pertenencia y los aprendizajes (Thapa et al., 2013; Wang & Degol, 2016). Prevenir las violencias, por tanto, no es tarea exclusiva del encargado de convivencia ni puede descansar solo en protocolos y sanciones. Es una responsabilidad institucional y pedagógica, liderada principalmente por los equipos de gestión.
A estas alturas del año, cada establecimiento debería revisar lo vivido durante el primer semestre y evaluar su gestión de una cultura de paz: ¿qué violencias se repitieron?, ¿en qué cursos, espacios y momentos?, ¿quiénes se sienten menos seguros o escuchados?, ¿cómo se trabajaron los vínculos?, ¿funcionaron las medidas adoptadas?, ¿se reparó el daño? Esta evaluación debe incorporar las voces de estudiantes, docentes, asistentes, familias y directivos, y traducirse en ajustes concretos para el segundo semestre.
Esta gestión requiere integrar a las familias como corresponsables, mediante alianzas permanentes, coformación, comunicación respetuosa y acuerdos sobre el trato, los límites, las redes sociales y la resolución de conflictos. Los estudiantes, como ciudadanos y actores fundamentales de la convivencia, pueden identificar espacios inseguros, construir acuerdos, apoyar a quienes están aislados, pedir ayuda y participar en soluciones. Sin embargo, la responsabilidad de protegerlos y abordar las situaciones de violencia recae principalmente en los adultos de la escuela.
Conmemorar la paz debe ser un punto de inflexión para evaluar cómo estamos conviviendo y decidir qué cambiaremos durante lo que resta del año escolar.
Referencias
Ministerio de Educación. (2024). Política Nacional de Convivencia Educativa 2024–2030. Documento central. Gobierno de Chile. https://convivenciaparaciudadania.mineduc.cl/
Ley Nº 21.809. Sobre convivencia, buen trato y bienestar de las comunidades educativas, con el objetivo de prevenir y erradicar el acoso escolar, la discriminación y todo tipo de violencia en los establecimientos educacionales. Diario Oficial de la República de Chile, 1 de abril de 2026. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1222799
Ley Nº 21.827. Establece medidas de seguridad, orden y respeto para la comunidad educativa. Diario Oficial de la República de Chile, 12 de agosto de 2026. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1226950
Thapa, A., et al. (2013). A review of school climate research. Review of Educational Research, 83(3), 357–385. https://doi.org/10.3102/0034654313483907
Wang, M.-T., & Degol, J. L. (2016). School climate: A review of the construct, measurement, and impact on student outcomes. Educational Psychology Review, 28(2), 315–352. https://doi.org/10.1007/s10648-015-9319-1
Dra. Mónica Bravo Sanzana
FONDECYT REGULAR N°1262176
Observatorio de Ciudadanía, Convivencia y Bienestar Educativo (OCCBE)
Universidad de La Frontera