Cuando la mediación fracasa: el costo de las represalias en las organizaciones educativas

Los conflictos son inherentes a toda organización. Lo que diferencia a unas de otras no es su existencia, sino la forma en que se gestionan. La evidencia muestra que los conflictos laborales pueden transformarse en oportunidades de aprendizaje y mejora institucional cuando se abordan mediante procesos de mediación competentes e imparciales (Nielsen & Einarsen, 2018). Sin embargo, cuando derivan en represalias, opacidad o arbitrariedad, afectan la salud de las personas y deterioran la confianza institucional. No es casual que el ministro del Trabajo de República Dominicana, Eddy Olivares, afirmara recientemente que afectar la salud mental en el trabajo constituye "la peor agresión" que puede sufrir una persona.

La investigación sobre justicia organizacional, bullying laboral y silencio organizacional demuestra que las respuestas percibidas como injustas debilitan la confianza, incrementan el temor a expresar preocupaciones legítimas y deterioran el bienestar psicológico. Así, las personas aprenden que hablar tiene costos, consolidando culturas organizacionales marcadas por la desconfianza, la autocensura y el debilitamiento del compromiso.

Esta realidad resulta especialmente preocupante en las instituciones educativas. Universidades y escuelas tienen la misión de promover el aprendizaje, el desarrollo humano y la convivencia democrática. No basta con enseñar estos valores; también deben reflejarse en las prácticas institucionales. Prácticas sin contradicción entre el discurso formativo y la experiencia cotidiana de sus comunidades.

La calidad de quienes conducen la mediación es, por tanto, decisiva. La literatura señala que estos procesos requieren imparcialidad, confidencialidad, comunicación efectiva y procedimientos capaces de generar confianza (Bollen & Euwema, 2013). Cuando son dirigidos por personas sin formación especializada o sin protocolos claros, aumentan los riesgos de revictimización, percepción de injusticia y escalamiento del conflicto (Munduate et al., 2022). En cambio, cuando se desarrollan con transparencia y rigor fortalecen la confianza y la legitimidad institucional.

La mediación no es un trámite administrativo, sino una intervención especializada para restaurar relaciones, fortalecer la convivencia y proteger la salud mental. Cuando fracasa o deriva en represalias, el daño trasciende a las personas involucradas y compromete la legitimidad de la institución (Cunha et al., 2016). Toda organización educativa debería preguntarse: ¿Las personas que participaron en un proceso de mediación se sienten hoy más seguras que antes de iniciarlo? ¿Qué evidencia existe de que quienes denunciaron o participaron no han sufrido consecuencias negativas por hacerlo?

Bibliografía

Bollen, K. and Euwema, M. (2013), Workplace Mediation. Negotiation Journal, 29: 329-353. https://doi.org/10.1111/nejo.12028

Cunha, P., Monteiro, A. P., & Lourenço, A. A. (2016). School climate and conflict management tactics: A quantitative study with Portuguese students. CES Psicología, 9(2), 7–11. https://doi.org/10.21615/cesp.9.2.1

Munduate, L., Medina, F. J., & Euwema, M. C. (2022). Mediation: Understanding a Constructive Conflict Management Tool in the Workplace. Journal of Work and Organizational Psychology, 38(3), 165 – 173. https://doi.org/10.5093/jwop2022a20

Nielsen, M. B., & Einarsen, S. V. (2018). What we know, what we do not know, and what we should and could have known about workplace bullying: An overview of the literature and agenda for future research. Aggression and Violent Behavior, 42, 71–83. https://doi.org/https://doi.org/10.1016/j.avb.2018.06.007

 

Dra. Mónica Bravo Sanzana
FONDECYT REGULAR N°1262176
Observatorio de Ciudadanía, Convivencia y Bienestar Educativo (OCCBE)
Universidad de La Frontera

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